martes, 7 de junio de 2011

Capítulo 4 En busca de lo desconocido por la magia y el espiritismo

El futuro en señales y agüeros
24 La magia suele emplearse para descubrir información oculta o para ver por señales y agüeros lo que el futuro encierra. Esto se conoce como adivinación, y los babilonios eran famosos por ello. Según el libro Magic, Supernaturalism, and Religion (Magia, sobrenaturalismo y religión), “eran maestros en las artes de la presciencia, pues predecían el futuro por el hígado y los intestinos de animales degollados, por el fuego y el humo y por el brillo de piedras preciosas; predecían los sucesos por el murmullo de las aguas de los manantiales y por la forma de las plantas. [...] Se veían augurios en señales atmosféricas, la lluvia, las nubes, el viento y el relámpago; las resquebraduras en los muebles y en paneles de madera predecían sucesos futuros. [...] Las moscas y otros insectos, así como los perros, llevaban mensajes ocultos”.
25 El libro bíblico de Ezequiel informa que en cierta campaña militar “el rey de Babilonia se detuvo en la encrucijada, en la cabecera de los dos caminos, para recurrir a la adivinación. Ha sacudido las flechas. Ha inquirido por medio de los terafim; ha mirado en el hígado”. (Ezequiel 21:21.) Los evocadores de espíritus, los hechiceros y los sacerdotes practicantes de magia eran también parte común de la corte babilónica. (Daniel 2:1-3, 27, 28.)
26 Personas de otras naciones, tanto orientales como occidentales, también han practicado muchas formas de adivinación. Los griegos consultaban sus oráculos en cuanto a acontecimientos políticos de importancia así como en cuanto a asuntos terrenales privados, tales como el matrimonio, los viajes y los hijos. El más famoso de estos era el oráculo de Delfos. Las respuestas, aceptadas como del dios Apolo, se suministraban mediante la sacerdotisa, o pitia, en sonidos ininteligibles que eran interpretados por los sacerdotes, que creaban versos ambiguos. Un ejemplo clásico fue la respuesta que se le dio a Creso, rey de Lidia: “Si Creso cruza el Halis, destruirá un imperio poderoso”. Resultó que el imperio poderoso destruido fue el de Creso mismo. Creso fue derrotado por Ciro el persa cuando cruzó el Halis para invadir Capadocia.
27 En Occidente la adivinación tuvo su auge entre los romanos, que veían agüeros y portentos en casi todo cuanto hacían. Gente de toda clase social creía en la astrología, la brujería, los talismanes, el leer la buenaventura y muchas otras formas de adivinación. Y según una autoridad sobre la historia romana, Edward Gibbon, “la gente veía las diversas formas de adoración comunes en el mundo romano como igualmente válidas”. Cicerón, el famoso diplomático y orador, era experto en buscar agüeros en el vuelo de las aves. Petronio, historiador romano, mencionó que, a juzgar por la multitud de religiones y cultos de algunos pueblos romanos, en ellos tenía que haber más dioses que gente.
28 En China se han desenterrado más de 100.000 pedazos de huesos y caparazones oraculares del segundo milenio a.E.C. (la dinastía Shang). Los sacerdotes de aquel tiempo los usaban para buscar guía divina para todo, desde las condiciones del tiempo hasta el movimiento de los soldados. Sobre estos huesos los sacerdotes escribían preguntas en una forma de escritura antigua. Entonces calentaban los huesos y examinaban las fisuras que aparecían y escribían las respuestas en los mismos huesos. Algunos eruditos creen que de esta escritura antigua se desarrolló la escritura china.
29 El más conocido tratado antiguo chino sobre la adivinación es el I Ching o Yi King (Libro de los cambios), que, según se dice, fue escrito por los dos primeros emperadores Chou —Wen Wang y Chou Kung—, en el siglo XII a.E.C. Contiene explicaciones detalladas de la interacción de las dos fuerzas opuestas yin y yang (oscuro-claro, negativo-positivo, femenino-masculino, Luna-Sol, Tierra-cielo, y así por el estilo), consideradas todavía por muchos chinos como los principios que controlan todo asunto de la vida. Presenta el cuadro de que todo está en cambio continuo y nada es permanente. Para tener éxito en cualquier empresa, uno tiene que conocer todos los cambios del momento y obrar en conformidad con ellos. Por eso la gente hace preguntas y echa suertes y entonces acude al I Ching para hallar respuestas. A través de los siglos el I Ching ha sido la base para toda clase de lectura de la buenaventura, la geomancia y otras formas de adivinación en China.

De la astronomía a la astrología
30 El orden del Sol, la Luna, las estrellas y los planetas siempre ha impresionado a la gente aquí en la Tierra. En Mesopotamia se han descubierto catálogos de los astros que se remontan a 1800 a.E.C. Basándose en esa información, los babilonios pudieron predecir muchos sucesos astronómicos, como eclipses lunares, la salida y la puesta de constelaciones, y algunos movimientos de los planetas. También los egipcios, asirios, chinos, indios, griegos, romanos y otros pueblos de la antigüedad observaban el cielo y llevaban registros detallados de sucesos astronómicos. Estos registros les servían para preparar sus calendarios y poner orden en sus actividades anuales.
31 Por sus observaciones astronómicas notaron que algunos sucesos aquí en la Tierra parecían estar sincronizados con ciertos sucesos celestiales. Por ejemplo, el cambio de las estaciones estaba estrechamente relacionado con el movimiento del Sol, las mareas subían y bajaban en armonía con la Luna, la inundación anual del Nilo siempre venía después de aparecer Sirio, la estrella más brillante. La conclusión natural era que los cuerpos celestes desempeñaban un papel significativo en la causa de estos sucesos y otros aquí en la Tierra. De hecho, los egipcios llamaban Traedor del Nilo a Sirio. De la noción de que los astros ejercían influencia en los sucesos terrestres se pasó fácilmente a la idea de que se podía contar con los cuerpos celestes para predecir el futuro. Así, de la astronomía se derivó la astrología. Pronto hubo reyes y emperadores que mantuvieron en su corte astrólogos oficiales para consultar a las estrellas acerca de importantes asuntos nacionales. Pero también el pueblo común acudía a los astros para saber su futuro personal.
32 De nuevo entran en el cuadro los babilonios. Para ellos los astros eran las moradas celestiales de los dioses, tal como los templos eran sus moradas terrestres. De esto surgió el concepto de agrupar las estrellas en constelaciones, así como la creencia de que perturbaciones en los cielos, tales como eclipses o la aparición de ciertas estrellas brillantes o cometas anunciaban ayes y guerra en la Tierra. En Mesopotamia se han desenterrado centenares de informes escritos por astrólogos para los reyes. Algunos declaraban, por ejemplo, que cierto eclipse lunar que se acercaba era señal de que algún enemigo sufriría derrota o que la aparición de cierto planeta en alguna constelación significaría “gran ira” en la Tierra.
33 También se puede ver el grado al que los babilonios confiaban en esta forma de adivinación por las palabras desafiadoras del profeta Isaías contra ellos cuando predijo la destrucción de Babilonia: “Quédate quieta, ahora, con tus maleficios y con la abundancia de tus hechicerías, en los cuales te has afanado desde tu juventud [...] Que se pongan de pie, ahora, y te salven, los adoradores de los cielos, los contempladores de las estrellas, los que divulgan conocimiento en las lunas nuevas respecto a las cosas que vendrán sobre ti”. (Isaías 47:12, 13.)
34 Desde Babilonia la astrología fue exportada a Egipto, Asiria, Persia, Grecia, Roma y Arabia. En Oriente, los hindúes y chinos también tenían sus elaborados sistemas de astrología. Los “magos” de los cuales informó el evangelista Mateo que vinieron a ver al niño Jesús eran “astrólogos de las partes orientales”. (Mateo 2:1, 2.) Algunos doctos creen que estos astrólogos pudieran haber sido de la escuela de astrología caldea y medopersa de Partia, que había sido provincia de Persia y después llegó a ser el imperio independiente de Partia.
35 Sin embargo, los que desarrollaron la astrología hasta la forma que se practica hoy fueron los griegos. En el siglo II E.C., Claudio Tolomeo, astrónomo griego de Alejandría, Egipto, compiló en cuatro libros —lo que se llamó Tetrabiblos— toda la información astrológica existente hasta entonces, y estos han servido de texto básico para la astrología hasta ahora. De esto se desarrolló lo que comúnmente se llama astrología natal, es decir, un sistema para predecir el futuro de alguien mediante el estudio de su tabla natal, u horóscopo... una tabla que muestra en qué posiciones se hallaban el Sol, la Luna y diversos planetas entre las constelaciones como se veían desde el lugar donde nació la persona implicada.
36 Para los siglos XIV y XV la astrología había obtenido amplia aceptación en Occidente. Las universidades la enseñaban como disciplina, lo que requería un conocimiento práctico de idiomas y matemática. Se veía como eruditos a los astrólogos. Los escritos de Shakespeare están llenos de alusiones a las influencias astrológicas sobre los asuntos humanos. Toda corte real y muchos nobles tenían astrólogos privados para consulta rápida. Casi no había proyecto —fuera guerra, construcción, negocio o viaje— que se emprendiera sin que primero se consultaran las estrellas. La astrología se había hecho respetable.
37 Aunque la astrología ha sido muy desprestigiada como ciencia legítima por la obra de astrónomos como Copérnico y Galileo, junto con el adelanto de la investigación científica, ha sobrevivido hasta hoy. (Véase la página 85.) Para jefes de Estado así como para el hombre corriente, sea de naciones de gran adelanto técnico o de aldeas remotas en países en desarrollo, este arte misterioso, iniciado por los babilonios, desarrollado por los griegos y extendido más allá por los árabes, todavía ejerce extensa influencia.

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