El destino escrito en la cara y en la palma de la mano
38 Si parece intangible el mirar a los cielos en busca de señales y agüeros sobre el futuro, los que practican el arte de la adivinación tienen otros caminos más inmediatos y fácilmente asequibles. El Zohar, o Séfer ha-zohar (hebreo: Libro del Esplendor), un texto de misticismo judío del siglo XIII, declaró: “En el firmamento que envuelve al universo vemos muchas figuras formadas por las estrellas y los planetas. Revelan cosas ocultas y misterios profundos. De manera similar, sobre la piel que envuelve nuestro cuerpo humano existen formas y rasgos que son las estrellas de nuestro cuerpo”. Esta filosofía llevó a otros modos de adivinación, o de predecir el futuro, mediante examinar la cara de las personas y la palma de la mano en busca de señales proféticas. Esas prácticas todavía son extensas tanto en Oriente como en Occidente. Pero está claro que tienen sus raíces en la astrología y la magia.
39 La fisiognomía es adivinación mediante examinar los rasgos de la cara, como la forma de los ojos, la nariz, los dientes y los oídos. En Estrasburgo, en 1531, cierto Juan de Indagine publicó un libro sobre este asunto y suministró en él gráficas de rostros con una variedad de formas de ojos, nariz, oídos y así por el estilo, junto con sus interpretaciones. Es interesante que citó las palabras de Jesucristo registradas en Mateo 6:22: “Por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará brillante”, como base para decir que los ojos grandes, brillantes y redondos significaban integridad y buena salud, mientras que los ojos hundidos y pequeños eran señal de envidia, malicia y sospecha. Sin embargo, en un libro similar, Compendium physiognomiae (Compendio de fisiognomía), publicado en 1533, el autor, Bartolomé Coclés, afirmó que unos ojos grandes y redondos eran señal de una persona veleidosa y dada a la pereza.
40 Los adivinadores afirman que, después de la cabeza, la mano refleja las fuerzas de lo alto más que toda otra parte del cuerpo. Así, el leer las rayas de la mano para determinar el carácter y el destino de alguien es otra forma popular de adivinación... la quiromancia. Los quirománticos de la Edad Media investigaron la Biblia en busca de apoyo para su práctica. Aludieron a versículos como el que dice que “en la mano de todo hombre terrestre pone un sello para que todo hombre mortal conozca su obra”, y: “Largura de días está en su diestra; en su siniestra hay riquezas y gloria”. (Job 37:7; Proverbios 3:16.) También se consideraban las protuberancias de la mano, pues se pensaba que eran representación de los planetas y así revelaban algo sobre la persona y su futuro.
41 El predecir el futuro por el estudio de los rasgos de la cara y de la mano es muy popular en Oriente. Además de los lectores y consejeros profesionales que ofrecen sus servicios, abundan los aficionados y personas que a sí mismas se aconsejan, porque sobre esto hay libros y publicaciones de todo nivel por todas partes. La gente suele practicar la lectura de la palma de la mano como diversión, pero para muchos es asunto serio. Sin embargo, por lo general la gente rara vez está contenta con emplear un solo medio de adivinación. Cuando las personas afrontan problemas serios o decisiones importantes, van a su templo —sea budista, taoísta, sintoísta o de otra índole— para inquirir de los dioses, entonces van al astrólogo para consultar los astros, al adivino para que les lea la palma de la mano y les examine la cara, y, después de todo eso, van a su hogar y consultan a sus antepasados difuntos. De alguna fuente esperan hallar la respuesta que les parezca apropiada.
¿Es solo diversión inocente?
42 Es natural que todo el mundo quiera saber lo que el futuro encierra. El deseo de asegurarse un buen futuro y de evitar lo que pudiera ser dañino es también universal. Por eso en todas las épocas la gente ha acudido a los espíritus y las deidades en busca de guía. Al hacer eso, la gente se ha envuelto en el espiritismo, la magia, la astrología y otras prácticas supersticiosas. En el pasado la gente llevaba amuletos y talismanes para protegerse, y acudía a curanderos y chamanes en busca de curación. Todavía la gente lleva medallas de “san” Cristóbal o talismanes de “buena suerte”, y tiene sus sesiones espiritistas, tablas Ouija, bolas de cristal, horóscopos y cartas del taroco o tarot. En lo que se refiere al espiritismo y la superstición, parece que la humanidad no ha cambiado mucho.
43 Por supuesto, muchas personas se dan cuenta de que todo eso es superstición y no tiene base real. Y pudieran añadir que si participan en esas prácticas es solo por diversión. Otros hasta alegan que la magia y la adivinación en realidad son provechosas, porque suministran seguridad sicológica a personas que, si no fuera por ellas, se dejarían intimidar demasiado por los obstáculos que afrontan en la vida. Pero ¿es todo eso solo diversión inocente o un estímulo sicológico? ¿Qué fuente tienen en realidad las prácticas espiritistas y mágicas que hemos considerado en este capítulo, así como las muchas otras que no hemos mencionado?
44 Mientras examinábamos los varios aspectos del espiritismo, la magia y la adivinación, hemos notado que estaban estrechamente relacionados con creencias sobre almas que salían del cuerpo y la existencia de espíritus, buenos y malos. Así, fundamentalmente el creer en espíritus, magia y adivinación se basa en una forma de politeísmo que tiene sus raíces en la doctrina de la inmortalidad del alma humana. ¿Es eso una base sólida sobre la cual edificar uno su religión? ¿Consideraría usted aceptable la adoración que tuviera tal fundamento?
45 Los cristianos del primer siglo tuvieron que considerar esas mismas preguntas. Los rodeaban los griegos y los romanos, con sus muchos dioses y deidades así como sus ritos supersticiosos. Un rito era la práctica de ofrecer alimento a ídolos y entonces participar en comer aquel alimento. ¿Debería participar en tales ritos alguien que amara al Dios verdadero y estuviera interesado en agradarle? Note cómo contestó esa pregunta el apóstol Pablo:
46 “Ahora bien, respecto al comer alimentos ofrecidos a ídolos, sabemos que un ídolo no es nada en el mundo, y que no hay más que un solo Dios. Porque aunque hay aquellos que son llamados ‘dioses’, sea en el cielo o en la tierra, así como hay muchos ‘dioses’ y muchos ‘señores’, realmente para nosotros hay un solo Dios el Padre, procedente de quien son todas las cosas, y nosotros para él”. (1 Corintios 8:4-6.) Para Pablo y los cristianos del primer siglo la religión verdadera no era la adoración de muchos dioses, no era politeísmo, sino devoción a “un solo Dios el Padre”, cuyo nombre la Biblia revela al decir: “Que la gente sepa que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”. (Salmo 83:18.)
47 Sin embargo, debemos notar que aunque el apóstol Pablo dijo que “un ídolo no es nada”, no dijo que los “dioses” y “señores” a quienes la gente acudía con su magia, adivinación y sacrificios no existían. Entonces, ¿qué punto se nos enseña? Después Pablo aclaró esto en la misma carta, cuando escribió: “Pero digo que las cosas que las naciones sacrifican, a demonios las sacrifican, y no a Dios”. (1 Corintios 10:20.) Sí, mediante sus dioses y señores las naciones en realidad estaban adorando a los demonios: criaturas angélicas o celestiales que se rebelaron contra el Dios verdadero y se unieron a su caudillo, Satanás el Diablo. (2 Pedro 2:4; Judas 6; Revelación 12:7-9.)
48 La gente suele apiadarse de personas a quienes llama primitivas, que vivían esclavizadas a sus supersticiones y temores. Dice que le repugnan los sacrificios sangrientos y los ritos salvajes. Y con razón. Sin embargo, aun hoy día oímos acerca de vudú, cultos satánicos, hasta de sacrificios humanos. Aunque estas prácticas pueden ser casos extremos, de todos modos demuestran que todavía está bastante vivo el interés en el ocultismo. Esto pudiera empezar con ‘diversión inocente’ y curiosidad, pero frecuentemente lleva a tragedia y muerte. ¡Cuán sabio es prestar atención a esta advertencia que da la Biblia: “Mantengan su juicio, sean vigilantes. Su adversario, el Diablo, anda en derredor como león rugiente, procurando devorar a alguien”! (1 Pedro 5:8; Isaías 8:19, 20.)
49 Ya que hemos considerado cómo empezó la religión, la diversidad que había en las mitologías antiguas y las diversas formas del espiritismo, la magia y la superstición, ahora dirigiremos la atención a religiones más formales que son prominentes en el mundo: el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el confucianismo, el sintoísmo, el judaísmo, las iglesias de la cristiandad y el mahometismo o islam. ¿Cómo empezaron estas religiones? ¿Qué enseñan? ¿Qué influencia tienen en sus creyentes? En los capítulos siguientes consideraremos estas preguntas y otras.
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