8 El estudio del origen y desarrollo de la religión es un campo comparativamente nuevo. Por siglos la gente aceptaba a grado mayor o menor la tradición religiosa en cuyo seno había nacido y se había criado. La mayoría de las personas estaban satisfechas con las explicaciones que les pasaban sus antepasados y creían que su religión era la verdad. Rara vez había razón para cuestionar nada, ni necesidad de investigar cómo, cuándo ni por qué empezó lo que conocían. De hecho, porque los medios de transportación y comunicación eran limitados, pocas personas siquiera sabían que había otros sistemas religiosos.
9 No obstante, durante el siglo XIX ese cuadro empezó a cambiar. La teoría de la evolución cundió por los círculos intelectuales. Eso, junto con el advenimiento de la investigación científica, hizo que muchos pusieran en tela de juicio los sistemas establecidos, y en eso estuvo incluida la religión. Porque reconocieron que sería limitado lo que podrían descubrir dentro de la religión existente, algunos eruditos estudiaron los restos de civilizaciones del pasado remoto o investigaron lugares distantes del mundo donde la gente aún vivía en sociedades primitivas. Trataron de aplicar a estas sociedades los métodos de la sicología, la sociología, la antropología, y así por el estilo, con la esperanza de hallar alguna clave en cuanto a cómo había empezado la religión y por qué.
10 ¿Qué resultado tuvo esto? De súbito se presentaron muchas teorías —pareció que había tantas teorías como investigadores—, y cada investigador contradecía al otro, y cada uno se esforzaba por sobrepasar al otro en atrevimiento y originalidad. Algunos de estos investigadores llegaron a conclusiones importantes; la obra de otros sencillamente ha pasado al olvido. Nos educa e ilumina el tener alguna idea de los resultados de esta investigación. Nos ayuda a comprender mejor las actitudes religiosas de personas con quienes tratamos.
11 El antropólogo inglés Edward Tylor (1832-1917) propuso una teoría a la que comúnmente se llama animismo. Sugirió que experiencias como sueños, visiones, alucinaciones y la ausencia de vida en los cadáveres hizo que la gente primitiva concluyera que un alma (latín: anima) habitaba el cuerpo. Según esta teoría, puesto que la gente solía soñar con sus amados que habían muerto, supuso que el alma seguía viviendo después de la muerte; que salía del cuerpo y moraba en árboles, rocas, ríos, y así por el estilo. Con el tiempo se adoró como dioses a los difuntos y a los objetos en que se decía que habitaban las almas. Y así, según Tylor, nació la religión.
12 Otro antropólogo inglés, R. R. Marett (1866-1943), propuso un perfeccionamiento del animismo, y llamó a esto animatismo. Después de estudiar las creencias de los melanesios de las islas del Pacífico y de los nativos de África y los Estados Unidos, Marett concluyó que en vez de tener la noción de un alma personal los pueblos primitivos creían que había una fuerza o poder sobrenatural impersonal que lo animaba todo; aquella creencia despertó en el hombre emociones de reverencia y temor que se convirtieron en la base de su religión primitiva. Para Marett la religión era principalmente la respuesta emocional del hombre a lo desconocido. Su declaración favorita era que “más bien que pensar [en lo religioso], el hombre lo danzaba”.
13 En 1890, James Frazer (1854-1941), escocés experto en folclor antiguo, publicó la influyente obra The Golden Bough (La rama dorada), y en ella afirmó que la religión se había desarrollado de la magia. Según Frazer, al principio el hombre trató de controlar su propia vida y su entorno mediante imitar lo que veía que pasaba en la naturaleza. Por ejemplo, creyó que podría atraer la lluvia si rociaba agua sobre el terreno mientras le acompañaban golpes de tambor que imitaban el sonido de truenos, o que podría causar daño a su enemigo mediante meter alfileres en una efigie de él. Esto llevó al uso de ritos, hechizos y objetos mágicos en muchos campos de la vida. Cuando nada surtía el efecto esperado, entonces el hombre trataba de apaciguar a los poderes sobrenaturales o suplicaba su ayuda, en vez de tratar de controlarlos. Los ritos y conjuros se convirtieron en sacrificios y oraciones, y así empezó la religión. Según Frazer, la religión es “ganar el favor o la benevolencia de poderes superiores al hombre”.
14 Hasta el famoso sicoanalista austriaco Sigmund Freud (1856-1939), en su libro Tótem y tabú, trató de explicar el origen de la religión. Fiel a su profesión, explicó que la religión más antigua se desarrolló de lo que él llamó una neurosis en cuanto a una figura paternal. Teorizó que, como sucedía entre los caballos y el ganado en condición salvaje, en la sociedad primitiva el padre dominaba al clan. Los hijos, que a la vez odiaban y admiraban al padre, se rebelaron contra él y lo mataron. Para adquirir el poder del padre, alegó Freud, ‘estos salvajes caníbales se comieron a su víctima’. Después, por remordimiento, inventaron ritos y ceremonias como expiación por lo que habían hecho. Según la teoría de Freud la figura del padre llegó a ser Dios, los ritos y ceremonias llegaron a ser la religión más antigua, y el que los hijos se comieran al padre muerto se convirtió en la comunión que es práctica tradicional de muchas religiones.
15 Pudiéramos citar muchas otras teorías que son intentos de explicar el origen de la religión. Sin embargo, la mayoría de ellas se han relegado al olvido, y ninguna realmente se ha destacado como más digna de credibilidad o aceptable que las demás. ¿Por qué? Sencillamente porque nunca hubo evidencia o prueba histórica de que estas teorías fueran verdad. Eran solo el producto de la imaginación o conjetura de algún investigador, algo que pronto se reemplazaba por la siguiente teoría que se presentara.
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