22 En el primer siglo de nuestra era común la ciudad de Atenas, Grecia, era un prominente centro de enseñanza. Sin embargo, entre los atenienses había muchas diferentes escuelas de pensamiento —como la de los epicúreos y la de los estoicos—, cada una con su propia idea acerca de los dioses. Con estas diferentes ideas como base, se veneraba a muchas deidades, y se desarrollaron diversos modos de adoración. El resultado fue que la ciudad estaba llena de ídolos y templos hechos por los hombres. (Hechos 17:16.)
23 Alrededor del año 50 E.C., el apóstol cristiano Pablo visitó Atenas y presentó a los atenienses un punto de vista totalmente diferente. Les dijo: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, siendo, como es Este, Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos de manos, ni es atendido por manos humanas como si necesitara algo, porque él mismo da a toda persona vida y aliento y todas las cosas”. (Hechos 17:24, 25.)
24 En otras palabras, Pablo estaba diciendo a los atenienses que el Dios verdadero, quien “hizo el mundo y todas las cosas que hay en él”, no es producto de la imaginación del hombre, ni se sirve a ese Dios de las maneras que el hombre mismo invente. La religión verdadera no es simplemente un esfuerzo unilateral del hombre por tratar de satisfacer alguna necesidad sicológica o ahogar algún temor. Más bien, puesto que el Dios verdadero es el Creador, quien dio al hombre capacidad de pensar y facultad de razonar, lo lógico es que Él le suministraría al hombre un modo de entrar en una relación satisfaciente con Él. Según Pablo, eso era exactamente lo que Dios había hecho. “Hizo de un solo hombre toda nación de hombres, para que moren sobre la entera superficie de la tierra, [...] para que busquen a Dios, por si buscaban a tientas y verdaderamente lo hallaban, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros.” (Hechos 17:26, 27.)
25 Note el punto clave de Pablo: Dios “hizo de un solo hombre toda nación de hombres”. Aunque hoy día por toda la Tierra viven muchas naciones de hombres, los científicos saben que en verdad toda la humanidad es de un mismo linaje. Este concepto es muy importante, porque el decir que toda la humanidad es del mismo linaje significa mucho más que solo el que los hombres estén relacionados biológica y genéticamente. Están relacionados en otros aspectos también.
26 Por ejemplo, note en lo siguiente lo que dice el libro Story of the World’s Worship (Cómo adora el mundo) sobre el lenguaje humano. “Los que han estudiado los idiomas del mundo y los han comparado unos con otros pueden decir algo, y es esto: Es posible agrupar todos los idiomas en familias o grupos del habla, y se puede ver que todas estas familias han venido de la misma fuente.” En otras palabras, las lenguas o idiomas del mundo no se originaron por separado e independientemente como los evolucionistas quisieran que creyéramos. Ellos teorizan que cavernícolas de África, Europa y Asia empezaron a expresarse con gruñidos y al fin desarrollaron sus propios idiomas. No sucedió así. Lo que las pruebas indican es que ‘vinieron de la misma fuente’.
27 Si eso es cierto de algo tan personal y singularmente humano como el idioma, ¿no sería entonces razonable pensar que las ideas del hombre acerca de Dios y la religión también hayan venido de una misma fuente? Después de todo, la religión se relaciona con el pensamiento, y el pensamiento está relacionado con la capacidad humana para usar el lenguaje. No es que todas las religiones de hecho se desarrollaran de una sola religión, sino que debería ser posible conectar las ideas y los conceptos con algún origen o conjunto de ideas religiosas común. ¿Hay pruebas de esto? Y si en verdad las religiones del hombre tuvieron la misma fuente, ¿cuál pudiera ser? ¿Cómo podemos averiguar eso?
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